jueves, 27 de marzo de 2014

¿HASTA QUÉ PUNTO PUEDE UNO VERSE A SÍ MISMO?


Alejandro Jodorowsky comenta en Plano Sin Fin:

 El verse a sí mismo es el obstáculo mayor en el camino que conduce a la iluminación. 

Cuando Bodhidharma, fundador de la escuela zen en China, llegó de la India a ese Imperio y fue recibido por el Emperador, este le preguntó: “He fundado incontables monasterios y hecho traducir otros tantos textos sagrados, ¿qué mérito tengo?”. 

El iluminado le respondió:”¡No hay méritos!” El gran mandatario, ofendido, le gritó: “¿Quién eres tú para despreciarme así?” El santo respondió “No lo sé”… 

Esta es la anécdota esencial del budismo zen. Si tú te ves a ti mismo, te divides en dos: el que ve y el que es visto. Esta dualidad destruye la unidad esencial del ser. El Maestro zen Ryokan, explica esto con simpleza en un poema: 

“Sin saberlo la flor llama a la mariposa. 
Sin saberlo la mariposa viene a la flor. 
Yo no conozco al otro. 
El otro no me conoce a mí.” 

Cuando me preguntan “¿Quién es Jodorowsky?”, respondo: “No sé quién soy pero lo siento.”. La definición de uno mismo puede compararse a una nube, y el ser esencial, unitario, al sol. Definirse a sí mismo puede compararse a proyectar una sombra sobre el inconsciente cósmico (simbolizado por el mar). 

El monje que medita se compara a una montaña. El cielo azul es la mente sin limites, que no se autodefine, no se divide. El actor y el espectador se han amalgamado… Espero que ahora se comprenda la continuación del poema de Ryokan: 

“Cuando la nube recubre al sol 
su sombra se alarga a lo lejos sobre el mar. 
Y aunque la sombra no desaparezca bajo la montaña 
el cielo encima de la montaña sigue totalmente azul.” 

El ego, ilusión formada por la familia, la sociedad y la cultura, es dual: actúa al mismo tiempo que se ve actuar. No se puede eliminar, se le puede domar. 

Si la sombra en lugar de cubrirla, es cubierta por la montaña, no oculta la limpidez de la mente… 

La sombra llegó a quejarse ante Dios: “La luz me agrede, es mi enemiga, castíguela por favor” Dios respondió: “Llamaré a la luz para que me dé su versión”. Cuando llegó la luz, la sombra cesó de estar ahí.

Tomado de la web:
Plano Sin Fin

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